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  • 00:29 26 Nov 2009
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Y ahora, a Copenhague

Ed Miliband

Escrito por Ed Miliband, Ministro de Energía y Cambio Climático. 

Y ahora, a Copenhague.

El impulso que trae la temática es un valor muy preciado. Cuando el G20 se reunió en Londres, no sólo logró generar compromisos sustanciales sino que también trazó el camino por recorrer de aquí a Copenhague y al acuerdo global.

El impulso deriva de una cuestión de principios: aun en una cumbre sobre economía, no puede dejarse de lado el medio ambiente. Esto se explicitó en el comunicado final, en el que la construcción de una economía verde y sustentable figuró como uno de los seis compromisos de la recuperación económica. Los países acordaron “hacer el mejor uso posible de las inversiones financiadas por los paquetes de estímulo fiscal y destinarlas al objetivo de generar una recuperación sólida, sustentable y ecológicamente aceptable.”

El impulso deriva también del reconocimiento de que una recuperación con bajo nivel de carbono no es solamente una forma de prevenir catástrofes de aquí a diez o veinte años, sino que también es una oportunidad para el presente. No es una doctrina para la austeridad, sino para la prosperidad. La transición hacia una economía de bajo nivel de carbono puede incrementar la demanda y crear puestos de trabajo. Las decisiones con las que todos ganan, como mejorar la eficiencia energética, permite a las familias y empresas ahorrar dinero en una época en que los presupuestos son cada vez más ajustados. Para contribuir al logro de este objetivo, no sólo en los países del G20 sino también en otras partes, los líderes pidieron a los bancos multilaterales de desarrollo que apoyen a los países en vías de desarrollo en su transición hacia economías con un más bajo nivel de carbono.  

Pero, sobre todo, hubo un compromiso explícito - el primer compromiso colectivo de todos los países más importantes – de llegar a un acuerdo. El mundo se reúne en Copenhague en diciembre para hallar un instrumento que reemplace al Tratado de Kioto. Ahora que los EE.UU. se han comprometido firmemente a buscar un acuerdo, sentimos por primera vez que un acuerdo sólido es posible. Los EE.UU. han reactivado un grupo de trabajo específico – el Foro de Energía y Cambio Climático de las Principales Economías – y ya se palpa el clima de preparación para la reunión de Copenhague.  

Fuera del centro de conferencias, el Príncipe de Gales fue anfitrión de un evento sobre temas forestales con la participación de presidentes, cancilleres, entre ellos Hilary Clinton, y otras figuras. Allí se reconoció lo importante que son los bosques para el futuro de planeta, y lo importante que es tomar medidas tempranas.

Independientemente de la reunión de las máximas autoridades, el fin de semana anterior a la conferencia, decenas de miles de manifestantes pacíficos viajaron a Londres para comunicar que creen en la necesidad de tomar medidas urgentes contra el cambio climático. Yo me reuní con líderes de grupos religiosos, grupos de desarrollo y sindicatos, aunados en una coalición que demuestra que nadie puede sostener hoy día que el medio ambiente es un tema marginal.

Hay grandes cuestiones que todavía tenemos que resolver. Acordar cómo debe moverse el  dinero de un país a otro y reformar toda la estructura de las economías, es mucho más difícil que acordar que el cambio climático nos obliga a tomar medidas. Y hacer que esas economías se desplacen hacia un más bajo nivel de carbono, con toda la inversión y las nuevas normas que ello requiere, es todavía más difícil. El Reino Unido asumió un compromiso jurídicamente vinculante de lograr una reducción del 80% de sus emisiones para 2050, e introdujo “presupuestos de carbono”, también vinculantes, para llevarnos a esa meta. Pero el trabajo más arduo es el que se desarrolla detrás de esto, en el mejoramiento de nuestras fuentes de energía renovable, o en el emprendimiento de una Gran Refacción de Viviendas para detener la fuga de energía de nuestros hogares.

Hay grandes cuestiones que resolver, pero los últimos diez días nos han acercado al acuerdo. Si los gobiernos lo desean y los ciudadanos lo reclaman, convirtiéndolo en foco de atención de aquí a diciembre, el primer acuerdo verdaderamente global para detener el cambio climático puede hacerse realidad este año.




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